Madrugamos a las 5:00 h. de la mañana, no quedaba otra porque la visita guiada caminando por el bush salía a las 5:45 h. ¡Menudo frío! Nos pertrechamos como pudimos y nos dirigimos al punto de encuentro. Nuestros simpáticos guías nos esperaban, dos fornidos negros armados con rifles. Nos subimos al jeep que nos llevaría al medio del bush, donde llegamos medio congelados pero vivos y con la esperanza de ver a los grandes felinos. ¡Ni uno! No sólo ni un felino, ni un solo bicho. Ah, sí, se pararon para enseñarnos una termita, y así de lejos intuímos más que vimos las espaldas de dos rinocerontes. Se supone que los guías seguían el rastro de los animales, escuchando, oliendo, tocando la caca de los elefantes... para poder ver alguno, pero nosotros llegamos a la conclusión de que más bien escapaban de ellos. Había que verlos apoyando el cañón del rifle en la barriga... En fin, un poco desilusionados pusimos rumbo a nuestro siguiente destino, el norte del Drakensberg. Antes debíamos hacer un alto en el camino en la ciudad de Newcastle para poder descansar, adonde llegamos casi de noche, justo para escuchar la llamada a la oración desde la cercana mezquita. Mucho me temo que mañana por la mañana nos despertará el imán.
Amanecer en el Kruger
De safari matutino
Un lindo facóquero
¿Qué estás mirando, ein?
Manada de búfalos cruzando