Después de un breve proceso de descongelación tras salir de la cabaña helada de Graskop, pusimos rumbo a uno de los platos fuertes de la ruta: el Parque Nacional Kruger, que es de extensión más o menos como Asturias y está lleno de vida salvaje en un ecosistema que en inglés se llama "bush" y en español, a falta de mejor traducción, también lo llamaremos bush. Entramos por la puerta de Phalaborwa, y boquiabiertos y ojipláticos nos quedamos según nos íbamos cruzando con elefantes, jirafas, cebras, hipopótamos..., a escasos metros del coche. Paramos a comer en un campamento de camino a Sgwezendi, donde pasamos la noche, en una cabaña muy cómoda y espaciosa, con cocina separada de la habitación. Decidimos, a eso de las 6, dar una vuelta por el campamento, pero no hicimos más que traspasar la puerta y nos dimos la vuelta, porque aquello estaba como boca de lobo y no había ya nada que ver.
Hipopótamos tomando un descanso
Elefante y búfalos en un abrevadero
Un babuíno camuflado
Hogar, dulce hogar
Jirafa a pie de carretera