Jueves, 16 de Agosto

Nos despertamos pronto para disfrutar el desayuno del Hotel y devolver el coche con tiempo en el aeropuerto. Por delante nos esperan un par de jornadas agotadoras para volver a casa. Paciencia. Nuestro itinerario: Cape Town - Johannesburgo - Londres - Madrid - Asturias. Tiempo previsto desde el primer avión hasta pisar tierra asturiana: 25 horas. Casi nada.


Kulula, nuestra aeorolínea hasta Johannesburgo. Tienen mucha guasa

Miercoles, 15 de Agosto

Último día de turistas por Ciudad del Cabo y por Sudáfrica. Hoy toca realizar las compras de última hora visitando el V&A Waterfront, que es una zona de comercios y restaurantes junto a los muelles. Está todo muy bien preparado, con tiendas de todo tipo, desde artesanía local hasta productos de lujo, en un ambiente diseñado para favorecer el consumo. El tiempo nos volvió a respetar durante la mañana, incluso salió el sol y pudimos contemplar la Table Mountain a las espaldas del puerto. Se nos fue la mañana entre tiendas, algunas parecían museos de arte africano. Paramos a reponer fuerzas en Quay Four, donde habíamos leído que se comían unos de los Fish & Chips más ricos del mundo. El sitio muy chulo. La comida vulgar. Una vuelta por un par de tiendas y el cielo no aguantó más y rompió a diluviar. Por la tarde tocaba visitar la costa cercana, las playas, el faro de Green Point y vuelta por la montaña. Lo recorrimos bajo la lluvia, que nos impidió disfrutar el paisaje como se merecía. Vuelta al Hotel a preparar la maleta. Pena por irnos y alegría por volver. Un gran viaje.

Muelles Victoria & Alfred 

 Edificio del African Trading Port

 Muelles y nubes en la cima de Table Mountain

De compras por el Victoria Wharf 

Tormenta

Martes, 14 de Agosto

Pues menos mal que subimos ayer a ver la Table Mountain. Hoy las nubes impiden ver la cima y hace un frío y un viento bastante desagradables. Nuestro plan para hoy era echar el día por el centro de Ciudad del Cabo, aunque no estábamos muy confiados porque las nubes amenazaban lluvia. Pero lo cierto es que aguantó sin llover todo el día. El Hotel está muy céntrico y enseguida llegamos a las calles principales. Está todo lleno de guardias de seguridad, lo cual no sabemos si es bueno o malo, nosotros nos sentimos muy seguros. El centro estaba sembrado de puestos de mercadillo vendiendo recuerdos africanos, peatonal y agradable. Nos colamos en un Hotel de lujo para subir en el ascensor y disfrutar de las vistas desde arriba, un amable botones afeminado nos acompañó. Antes de comer visitamos la National Gallery. Muy interesante porque exhibía dibujos de trajes de las diferentes tribus sudafricanas. Parada para comer y rematamos el día haciendo alguna compra por las calles cercanas al Hotel.

Long Street 

 Los objetos con material reciclado son muy comunes

 Palomas sobre árbol Aloe en The Company's Gardens

Por los jardines de camino a la National Gallery

Lunes, 13 de Agosto

Y por fin llegamos a Cape Town, nuestro último destino del viaje y donde pasaremos tres días. Como el pronóstico del tiempo sólo daba soleado para hoy, decidimos que sería un buen día para visitar la Table Mountain. Teníamos intención de subir y bajar cómodamente en el funicular, pero al llegar nos encontramos con hordas de turistas y colas kilométricas para subir. El aparcacoches nos informó que el tiempo de espera era de unas dos horas, pero que él conocía una ruta secreta para subir caminando en dos horas y media. ¿Qué hicimos? Somos asturianos, por favor. Pues subir a patita salvando un desnivel de 700 metros para una distancia de 1 km. a través de la garganta Platteklip. Con las piernas temblorosas llegamos a la cima marcando un nuevo récord mundial. Nos dimos una vuelta por la meseta contemplando las increíbles vistas de la ciudad y bajamos en funicular, que ya no había colas. Por si no teníamos suficiente, nos fuimos a la montaña de enfrente, Signal's Hill, para poder ver de lejos la Table Mountain. Esta vez en coche, nada de caminar, y de ahí al Hotel, que lo tenemos muy céntrico y es muy mono. Una ducha y a pasear por los alrededores, a ver qué nos dan de cenar. Y para terminar, a la cama a ver una nueva entrega de "De folixa en folixa", que para algo tenemos wi-fi.

 Subiendo a la montaña

¡Cumbre, cumbre!

 Desde arriba de Table Mountain

Bajando en el funicular

Table Mountain desde Signal's Hill

Domingo, 12 de Agosto

Después de desayunar nos fuimos a dar una vuelta en coche por el pueblo y la costa cercana, que realmente es muy salvaje. Enseguida pusimos rumbo a la reserva de la West Coast a través de la ruta de las flores, si bien por el camino paramos a visitar la playa del pequeño pueblo lacustre de Langebaan. El West Coast National Park es famoso por la floración de sus campos en primavera, y qué casualidad, estamos en primavera entre agosto y septiembre. Pues allá vamos. Nos encantó. Además de ser muy accesible y cómodo de recorrer en coche haciendo paradas en los puntos importantes, tenía un poco de todo. Campos alfombrados de flores, el océano Atlántico golpeando la costa, las marismas de las lagunas con todo tipo de aves acuáticas, playas de arena blanca, dunas, matorral bajo que llaman fynbos, y un montón de animales de los cuales vimos focas, elands, zorros orejudos, cebras, avestruces... y un pájaro llamado el tejedor enmascarado fabricando su nido. Completo, completo.

 Paseando por la playa de Langebaan

 Caminando por los humedales

 Mirando al mar embravecido

 Campo nevado de flores

 Idílica cebra

 El tejedor enmascarado preparando el nido para la hembra

Explosión de mar

Sabado, 11 de Agosto

Bien temprano empezó a soplar un viento huracanado que nos hizo presagiar que hoy haría un día de perros, y así fue. Una fuerte tormenta de lluvia, rayos, truenos y centellas nos acompañó durante el viaje a la costa occidental del Cabo. Por la mañana nos aventuramos hasta el pueblo de Saldanha, donde tuvimos ocasión de visitar su puerto pesquero, con grandes barcos amarrados por motivo del temporal. Nuestro destino era el pequeño pueblecito costero de Santa Helena, en la bahía que lleva su nombre. Antes de llegar y viendo el tiempo que hacía, pasamos un rato en un Centro comercial que encontramos de camino. Como era sábado había un gran ambiente con gente de todo tipo y color. Para poco más dió el día. Desde el apartamento que teníamos reservado podemos contemplar unas preciosas vistas del mar, que con el cielo encapotado y lo embravecido de las olas le confieren una atmósfera muy especial. A esperar que mañana salga el sol.

Cruzando Vredenburg 

 Puerto de Saldanha 

Santa Helena bajo la tormenta

Viernes, 10 de Agosto

Desayunando pudimos ver desde la ventana del Hotel un par de ballenas nadando a escasos metros de la costa. Bonito espectáculo. Pusimos rumbo al Norte, para lo cual teníamos que cruzar Ciudad del Cabo entre chabolas y comunas. Pronto dejamos atrás la ciudad para adentrarnos en la carretera de la costa oeste. Nuestro destino era la cordillera del Cedesberg, entrando por el pueblo de Citrusdal. El camino hasta las montañas ascendía a través de pistas de grava impracticables. Las mejores rutas de senderismo por la zona duraban días, las más cortas de 7 a 8 horas, pero nosotros no teníamos ni tiempo ni ganas para afrontarlas, además de lo dificultoso de los accesos en coche. Así que nos tuvimos que conformar con el paisaje que veíamos por el camino. Antes de llegar al campamento paramos en un pequeño puerto a comer, disfrutamos de las vistas y nos dimos la vuelta hasta la granja donde pasaríamos la noche, una finca de naranjos enclavada en el valle.

Desde la terraza del Hotel en Simon's Town

Vistas del Cederberg

Estampa campestre

Jueves, 9 de Agosto

Hoy era día festivo en Sudáfrica. Algo parecido al Día de la Mujer o así, y se notaba el ambiente de vacaciones en los pueblos. Salimos a desayunar por Stellenbosch y aprovechamos para dar una vuelta matutina por la ciudad, que es universitaria y foco de artistas y galerías. El centro era muy acogedor y tranquilo, con cafés modernos y exquisitos. De allí nos fuimos costeando por toda la península del Cabo, parando en playas, acantilados y riscos como el de Chapman's Peak, desde donde se disfrutaba de unas impresionantes vistas de Hout Bay. Paramos a comer en una playa que no tenía fin y continuamos la ruta hasta nuestro plato fuerte de hoy: Cape Point, ubicado en una reserva natural al sur de la península. Allí subimos en funicular hasta el faro, donde con permiso de las hordas de turistas japoneses, nos dimos una vuelta por la cima. Cerca se encontraba otro famoso cabo: el de Buena Esperanza, a donde nos dirigimos casi al caer la tarde. Allí pudimos disfrutar del mejor avistamiento de una ballena de todo el viaje. También había avestruces y babuínos. De camino a Simon's Town, donde teníamos el Hotel con vistas al mar, paramos en Boulders para ver pingüinos. Llegamos agotados, casi de noche, justito para cenar y disfrutar de la enorme bañera antigua del Hotel.

Por las calles de Stellenbosch

 En la playa interminable de Muizenberg

Casetas de colores en Fish Hoek

Vistas desde Chapman´s Peak 

Avestruz mirando al mar en Cape Point

Foto de familia en el Cabo de Buena Esperanza

Miercoles, 8 de Agosto

Hoy toca ruta en coche haciendo paradas por la costa. Primera parada, Kleinmond, un pueblo costero muy agradable. Vimos una foca. Siguiente parada, Betty's Bay. Nos llevamos una grata sorpresa porque siguiendo un cartel de un pingüino llegamos a un parque costero donde nos divertimos viendo caminar a miles de pequeños pingüinos del Cabo. Olía a gallinero. Luego nos acercamos a Pringle Bay, descubrimos un rincón muy bonito en una pequeña cala y decidimos hacer allí un pequeño picnic disfrutando del sol. Aquí vimos pasar todas las ballenas que no aparecieron en Hermanus. Idílico. Continuamos ruteando por una carretera costera preciosa, serpenteando entre los acantilados y las bahías hasta Gordon Bay, donde nos desviamos para alcanzar la ruta de los viñedos, entrando por Franschhoek, un pueblo muy pijo y afrancesado, con tiendas de bombones belgas, galerías de arte y bistrós. Penúltima parada en Boschendal para visitar la casa solariega del mismo nombre, una especie de Falcon Crest sudafricano, con amplios viñedos y casas de los esclavos reconvertidas en cafetería. Y finalmente llegamos a nuestro destino, Stellenbosch, capital de la región vinícola del país. Y nosotros sin probar una sola gota de vino. Donde esté la sidrina...

 Simpáticos y malolientes pingüinos del Cabo

 Pringel Bay

 Carretera costera

 Boschendal Manor House

Ruta de los viñedos del Cabo

Martes, 7 de Agosto

Hermanus. El mejor lugar del mundo para avistar ballenas. El plan para hoy era recorrernos la costa yendo de punto de observación en punto de observación para poder ver algún cetáceo. Por la mañana el tiempo no acompañó. Viento y frío con alguna lluvia. Empezamos el recorrido por el puerto nuevo. Casi sin bajarnos del coche disfrutamos de unas vistas preciosas de los acantilados. Ni una ballena. Como hacía tan mal tiempo, decidimos visitar el museo de las ballenas. Era penoso. Peor fue aún el museo del Viejo Puerto. Parecía la vivienda de un enfermo con el síndrome de Diógenes, lleno de trastos inservibles. Nos volvimos a acercar a la costa, pero tampoco vimos bicho alguno. Parada para comer. Pequeña siesta. Por la tarde mejoró el tiempo, aunque seguía ventoso y frío. Nos colgamos los prismáticos del cuello, nos abrigamos bien abrigados y nos fuimos a un nuevo punto de observación. Y aquí sí, por fin, disfrutamos de la vista de una ballena y su cría. Hermosos treinta segundos de espectáculo salvaje. Y un poco más tarde un nuevo avistamiento, la cola completa antes de sumergirse. Y eso fue todo. Casi nos quedamos bizcos intentando ver chorros en uve, espaldas o colas. Antes del anochecer nos dimos una vuelta por el centro del pueblo, que estaba prácticamente vacío. Las tiendas cerraban a las 5:00, así que pronto de vuelta al albergue. A soñar con ballenas.

Puerto nuevo de Hermanus 

 El arcoiris nos acompañó durante todo el día

Espalda de ballena y cría 

Acabamos con agujetas en los ojos de tanto mirar el mar

Lunes, 6 de Agosto

Esta mañana nos esperaba un desayuno de lujo preparado por nuestra hospedera Naomi Nell. Con las panzas llenas y con la tristeza de partir de un lugar tan acogedor nos dirigimos a la costa de los naufragios con el objetivo de alcanzar el punto más meridional del continente africano. No pudimos elegir mejor día. Frío, lluvia, vientos huracanados... Hicimos una pequeña parada en el pueblo de Bredasdorp para visitar el museo de los naufragios, donde recogían todos los restos de los barcos naufragados en la costa. Y finalmente llegamos al cabo Agulhas, donde visitamos y subimos al faro, el segundo más antiguo del país. Muy chulo. Y cerca de allí nos acercamos al mojón de piedra que indicaba que habíamos alcanzado el punto más al sur de África. Prueba superada. Y luego a desandar lo andado para dirigirnos a Hermanus, donde pasaremos un par de noches con la esperanza de contemplar alguna ballena desde la orilla. No sé yo. Por la tarde nos dimos una vuelta en coche para localizar los mejores puntos de avistamiento y aprovechamos para avituallarnos en un centro comercial cercano. Casi de noche llegamos al albergue, promocionado como uno de los cinco mejores de Sudáfrica, y a nosotros nos lo parece. Superchulo. Un poco frío también.

Puerto de Struisbaai

Faro del Cabo Agulhas

 Más al Sur de África ya no se puede estar

Conduciendo bajo la tormenta

Costa de Hermanus

Domingo, 5 de Agosto

¡Lo conseguimos! ¡Vimos al gran tiburón blanco! Era uno de los objetivos principales del viaje y lo hemos logrado. Somos unos valientes. Como siempre en este tipo de actividades nos hicieron madrugar, pues a las 7:00 teníamos que estar en el lugar de encuentro. Allí nos tenían preparado un buen desayuno bufé que nos entró de maravilla. Después de una breve charla de seguridad de la que nos enteramos más bien poco dado nuestro altísimo nivel de inglés, nos fuimos al barco bien abrigados en busca del rey del mar. Seríamos unas quince personas más la tripulación, y nos tocó sentarnos en un buen sitio, al lado de la carnaza que echarían al mar para atraer a las bestias. Llegamos pronto a la zona de avistamiento, esperamos a que los más valientes se metieran los primeros en la jaula para ver cómo iba, y como no pasaba nada, pues decidimos que era nuestro turno. Directos a la jaula. Vimos pasar a uno, a otro, grandes como toros. Pero lo mejor vino al final. Se nos aproximó una hembra de más de tres metros que daba mucho juego, y el que manejaba la carnaza la iba toreando hasta que conseguía que avanzara hacia la jaula con las fauces abiertas. ¡Impresionante! Aunque por extraño que parezca, no daba miedo en ningún momento, a pesar de que estaban a un palmo de nuestra cara, daba la impresión de que los estabas viendo por la tele. Extraño. El oleaje pasó factura a bastante gente  que no paraba de vomitar por la borda. Unos enclenques. Fue una experiencia única. Terminamos a mediodía y fuimos a comer a Gansbaai, cerca del puerto. Comida casera y rica. Y por la tarde nos fuimos ruteando por  la costa para avistar ballenas. Vimos un montón de chorros de agua, una espalda y una cola de algún cetáceo,  por una ruta muy bonita y tranquila. Finalizamos el paseo en el faro de Danger's Point. Un día muy completo, sí señor.

 Preparando la carnaza

 El gran tiburón blanco

Misión cumplida 

Por la costa de las ballenas 

Faro de Danger's Point